Salmo 31 contra el Mal de Ojo

“Cuando tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba, no me entregaste al poder del enemigo, me pusiste en un lugar espacioso.

Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen”

Seguramente les ha pasado que tienen una racha de buena suerte, todo les llega y son felices como nunca, pero de pronto empiezan a tener obstáculos, problemas, pleitos y hasta enfermedades que nunca hubieran pensado tener.

El mal de ojo, esas envidias y celos de aquellos que dicen nos admiran, nos quieren y nos buscan para preguntarnos en todo momento como hemos logrado lo que tenemos, nos pueden mandar de alguna forma el mal de ojo.

Cada cultura tiene su remedio tradicional y local, desde la pulsera hecha de hilo rojo y ojo de venado hasta la santiguada.

Yo les comparto el Salmo 31 para que las malas lenguas y el mal de ojo se aleje de ustedes, repitan el salmo en voz baja con mucha devoción y unjan la base de la nuca con aceite preparado, el resto de sus manos pásenlas por su cabeza, hombros, torso, brazos y piernas.

Salmo 31

Yo me refugio en ti, Señor,

¡que nunca me vea defraudado!

Líbrame, por tu justicia

3 inclina tu oído hacia mí

y ven pronto a socorrerme.

Sé para mí una roca protectora,

un baluarte donde me encuentre a salvo,

4 porque tú eres mi Roca y mi baluarte:

por tu Nombre, guíame y condúceme.

5 Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

6 Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.

7 Yo detesto a los que veneran ídolos vanos

y confío en el Señor.

8 ¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!

Cuando tú viste mi aflicción

y supiste que mi vida peligraba,

9 no me entregaste al poder del enemigo,

me pusiste en un lugar espacioso.

10 Ten piedad de mí, Señor,

porque estoy angustiado:

mis ojos, mi garganta y mis entrañas

están extenuados de dolor.

11 Mi vida se consume de tristeza,

mis años, entre gemidos;

mis fuerzas decaen por la aflicción

y muy huesos están extenuados.

12 Soy la burla de todos mis enemigos

y la irrisión de mis propios vecinos;

para mis amigos soy motivo de espanto,

los que me ven por la calle huyen de mí,

13 Como un muerto, he caído en el olvido,

me he convertido en una cosa inútil.

14 Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida.

15 Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

16 mi destino está en tus manos».

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen.

17 Que brille tu rostro sobre tu servidor,

sálvame por tu misericordia;

18 Señor, que no me avergüence

de haberte invocado.

Que se avergüencen los malvados

y bajen mudos al Abismo;

19 que enmudezcan los labios mentirosos,

los que profieren insolencias contra el justo

con soberbia y menosprecio.

20 ¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti,

en la presencia de todos.

21 Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras.

22 ¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro.

23 En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia».

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba.

24 Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios.

25 Sean fuertes y valerosos,

todos los que esperan en el Señor.

 

 

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