Conociendo El Libro de los Salmos

El Libro de los Salmos o tehil-lim en hebreo que significa “alabanza” o “himnos”, comúnmente referido simplemente como Salmos o “los Salmos”, es el primer libro de los ketuvim (“Escritos”), la tercera sección de La Biblia hebrea, y un libro del Antiguo Testamento cristiano.

El título se deriva de la traducción griega, psalmoi, que significa “las palabras que acompañan a la música” y también se le conoce como el salterio, propiamente por el nombre del instrumento de cuerda que acompañaba a los cantos.

El Libro de los Salmos está dividido en cinco secciones, cada una con una bendición, probablemente estas divisiones fueron introducidas para igualar la división de la Torah:

  • Libro 1 (Salmos 1–41)
  • Libro 2 (Salmos 42–72)
  • Libro 3 (Salmos 73–89)
  • Libro 4 (Salmos 90–106)
  • Libro 5 (Salmos 107–150)

El Libro de los Salmos está dividido en tres grandes genios literarios: los himnos, las súplicas y las acciones de gracia.

Los Himnos se encuentran en los salmos 8, 19, 29, 33, 46, 47, 48, 76, 84, 87, 93, 96, 97, 98, 99, 100, 103, 104, 105, 106, 113, 114, 117, 122, 135, 136, 145, 146, 147, 148, 149, 150 Todos estos salmos comienzan con una exhortación a la alabanza divina, los prodigios realizados por Dios en su obra creadora y la salvación del pueblo de Israel.

Las súplicas se dirigen a Dios comenzando por una invocación, expresión de ayuda o de confianza de que Dios va a resolver todo en su mejor momento. Las súplicas pueden ser colectivas o individuales.

Las súplicas colectivas se refieren a los desastres naturales, derrotas, guerras, necesidades comunes y se encuentran en los salmos 12, 44, 60, 74, 79, 80, 83, 85, 106, 123, 129, 137.

Las súplicas individuales son numerosas y el contenido es sumamente variado y se encuentran en los salmos 3, 5, 6, 7, 13, 17, 22, 25, 26, 28, 31, 35, 38, 42, 43, 51, 54, 55, 56, 57, 59, 63, 64, 69, 70, 71, 77, 86, 102, 120, 130, 140, 141, 142, 143.

Las acciones de gracia rara vez son colectivos, más bien son individuales tras evocar los males padecidos y la oración atendida, expresan agradecimiento y exhortación a seguir a alabando a Dios, y se encuentran en los salmos 18, 21, 30, 33, 34, 40, 65, 66, 67, 68, 92, 116, 118, 124, 129, 138, 144.

El resto de los salmos no entran plenamente en estas tres categorías y se les identifica como irregulares pues tienen parte de alabanza y súplica o de súplica y acción de gracia, otros en cambio, se les identifica como salmos reales porque son himnos en favor del rey de Israel.

Rezar los salmos de manera constante, concentrados, y con un corazón lleno de devoción, fervor y confianza en Dios, trae como resultado que una vida llena de energía para manifestar nuestras intenciones, porque bien dijo Jesucristo:

“En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aún si decís a este monte: Quítate y échate al mar, así sucederá”

Mateo 21:21

Recuerden al rezar que nuestra fé, devoción, y confianza absoluta en Dios es la energía que manifiesta nuestra intención .

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