Sacrificios

Me tocó leer el libro de Génesis en estos días, especialmente la sección de Caín y Abel. Al principio creí que el sacerdote se había equivocado porque a mi parecer el pasaje no estaba muy ad hoc a los tiempos de Adviento, motivo por el cual me hizo poner más atención que de costumbre.

La riña entre dos hermanos por recibir el favor de Dios no fue lo que llamó mi atención. El buscar ser el favorito es una historia muy conocida por todos nosotros y que de alguna forma u otra la hemos vivido en carne propia ,ya sea a través de nuestros hijos, compañeros de trabajo e incluso nosotras mismas hemos competido por ser “la consentida”

Retomando el punto sobre Caín y Abel, lo que me llamó la atención fue la forma en que ambos decidieron ofrecer un sacrificio a Dios para honrarlo (Gen 4:3-8). Caín ofreció el fruto de su trabajo, hortalizas, y Abel sufrió en decidir qué debía sacrificar puesto que él era pastor y no iba a ofrecer a cualquier oveja, debía ser maravillosa ante los ojos de Dios, por lo que con todo el dolor de su corazón decidió ofrecer a la oveja que más quería, la que estaba más apegada a él y era su favorita puesto que era la mejor entre toda las del rebaño.

Yo –cual amante de los animales que soy- sufrí cuando el sacerdote comentaba la decisión de Abel, mi corazón se estremecía del dolor al pensar que Abel daría en sacrificio algo que amaba tanto.

Cuando Abel y Caín llegaron al lugar donde daban las ofrendas, Dios los recibió de forma muy distinta. A Caín lo regañó por no haber hecho el menor esfuerzo para buscar algo que realmente tuviera valor para él, ya que las hortalizas que ofreció las había separado del fruto de su trabajo, algo que hace todos los días y que es una obligación. Es decir, no hizo ningún esfuerzo, solo lo hizo para cumplir lo que le pedían.

En cambio, Dios vio las lágrimas secas de Abel al ofrecer a su pequeña oveja, y Dios encontró amor, devoción y un gran esfuerzo por alabarlo, y por eso Dios favoreció a Abel sobre Caín.

La conclusión de la historia todos la sabemos.

La reflexión a la cual llego es que el amor de Abel hacia Dios era tan grande, que Abel decidió ofrecer un sacrificio tan grande como el amor que sentía hacia su oveja favorita.

Y si hablamos de amor, pues Dios nos envía a su hijo Jesús porque nos ama enormemente, Jesús es enviado para abrir las puertas del cielo y mostrarnos el camino para estar en la Gloria de Dios.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con el Adviento se preguntarán? Pues cuando hacemos una ofrenda o decimos que nos estamos preparando espiritualmente, lo estamos haciendo como Caín o Abel.

Cuando decidimos dejar de comer, beber, fumar o terminar alguna costumbre para ofrecerla como sacrificio, ¿es en realidad algo que nos cuesta trabajo o simplemente es algo que tenemos que hacer? (total no comer grasas o sal lo tengo que hacer por el colesterol de cualquier forma, y los postres por aquello de la diabetes)

En mi caso, salí con el firme propósito de no explotar ante las sandeces de ciertas personas, que miren que cómo me cuesta trabajo y que sinceramente lo logro 1 de cada 100 veces que tengo tratos.

Créanme que el transformar hábitos negativos personales después de 40 y tantos años es un gran sacrificio en mi persona, pero tratando de imitar a Abel lo hago con devoción, fe, y un amor absoluto para prepararme espiritualmente para la llegada del Niño Jesús.

Mil besos al Universo.

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